Los edificios más interesantes de nuestros días son, casi sin excepción, obras respetuosas con el medio ambiente, la arquitectura inspirada y preocupada por la naturaleza que ofrece tecnologías tan ancestrales y simples como aprovechar al máximo la luz del sol, o construir siguiendo el terreno montañoso sin necesidad de la destrucción.

Pensemos un momento en las Terrazas de Arroz de Ifugao, un ingenioso sistema agrícola que aprovecha la montaña para crear el riego de los cultivos con la misma agua lluvia. O en el enigma de Machu Picchu: ¿Cómo y para qué fue construida esta ciudad de piedra sobre piedra, en una zona tan montañosa y de difícil acceso? Machu Picchu fue construida a partir de un conocimiento cabal de la ingeniería civil, vial, hidráulica, geológica y ambiental, en un tiempo en que el hombre tenía una cosmovisión propia y sagrada, que vinculaba la sociedad con la naturaleza. Ambas construcciones fueron pensadas en ser sostenibles, respetando la naturaleza y así perdurar en el tiempo, hasta el día de hoy.

La historia nos lleva a pensar en nuevas formas de vida y construcción. Mucho tenemos por aprender de las antiguas civilizaciones quienes sabían que en la confrontación del hombre con la naturaleza, poner al hombre primero no es una licencia para agredir el equilibrio ambiental temerariamente. Es en este punto donde cobra mayor sentido el concepto de modernizar con respeto, es decir, construir lo nuevo sin destruir lo antiguo.