El ruido de los autos desde la primera hora de la mañana hasta altas horas de la noche, y la cantidad de cemento duplicando la cantidad de árboles a nuestro alrededor, sin darnos cuenta estos elementos nos generan algún nivel de estrés. Pero ¿cómo realmente se ve afectado nuestro cerebro?

El Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Alemania ha realizado un estudio para determinar cuál es la relación entre la disponibilidad de la naturaleza cerca de las personas que residen habitualmente en ciudades y su salud cerebral. Al comparar el cerebro de una persona que vive en la ciudad y uno que vive en la zona urbana, se evidencia que la amígdala cerebral que juega un papel muy importante en el procesamiento del estrés y reacciones al peligro tiene una actividad muchísimo más alta en las personas que viven cerca del bosque y, por lo tanto, son más capaces de sobrellevar el estrés, que los que no tenían cerca ni rastro de naturaleza.

Teniendo en cuenta que para 2050, se espera que casi el 70% de la población mundial viva en ciudades, estas conclusiones podrían ser relevantes para la planificación urbana. En las épocas actuales, la oportunidad de vivir cerca del bosque sin abandonarlo todo se reduce a unos cuantos. Tal vez por un sentido autómata de rechazo hacia lo que como seres humanos no nos pertenece, o quizás por el hecho de sentirse suficientemente sofocados por la modernidad, decididos a darle prioridad al cuerpo y a la mente entre la compañía reconfortante de la naturaleza.